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La filosofía de ‘El Club de la Lucha’13 min read

29 octubre, 2018 10 min read

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La filosofía de ‘El Club de la Lucha’13 min read

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Si hace unas semanas repasábamos todos los libros que había escrito Chuck Palahniuk, hoy hemos querido centrarnos en una de sus historias en concreto: ‘El Club de la Lucha‘.

El nihlismo, el vacío existencial, la crisis de la masculinidad, la crítica social al consumismo, al patriotismo, a la religión y a las modernas formas de vida que tratan de apagar los instintos son los ejes principales sobre los que reflexiona el escritor a través de sus personajes en una brillante trama que David Fincher se encargó de llevar a la pantalla.

“El ‘Club de la Lucha’ es una sátira, una visión estilizada del mundo IKEA en el que nos movemos. Aborda conceptos muy simples, como el de nuestro ADN como seres humanos. La naturaleza nos ha hecho cazadores y vivimos en una sociedad donde comprar prevalece sobre todo lo demás. Ya no hay nada que matar, nada que combatir, nada que superar, nada que explorar… ¡Es una castración generalizada de la sociedad! Somos seres de carne y hueso y nos hemos olvidado de nuestra faceta más animal. Nos ahogamos en un mundo virtual e irreal y desconocemos nuestra propia capacidad de supervivenca, al no ponerla a prueba.”

David Fincher

Sentimos incumplir las dos primeras reglas del club, pero esta vez es necesario hablar de él.

La primera regla del club es…

El club de la lucha - fight club

Crisis de identidad

El protagonista, del cual no se conoce su nombre (no se llama Jack), es un oficinista ofuscado con su vida rutinaria, sin aspiraciones, sin emociones, sin riesgo. En definitiva, sin pena ni gloria. Es solo una pieza más de un inmenso engranaje. No es casual su anonimato: expresa su falta de identidad y facilita que cualquier lector/espectador se pueda sentir identificado con él. Además, cada vez que asiste a un grupo de apoyo utiliza un nombre distinto, todos muy comunes y sin ninguna trascendencia. ¡El protagonista podría ser cualquiera de nosotros! Y nosotros podríamos ser cualquier otro individuo de nuestra sociedad occidental. Ya sabéis: no sois un copo de nieve único y hermoso.

“No sois especiales. No sois un copo de nieve único y hermoso. Sois de la misma materia orgánica en descomposición que todo lo demás. Todos formamos parte del mismo montón de estiércol.”

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Nihilismo y vacío existencial

El nihilismo es representado por Tyler. quein rechaza la autoridad y reniega de los principios fundamentales de la cultura y civilización occidentales. Pero no desde un plano constructivo, proponiendo un modelo alternativo.  Simplemente busca cargárselo todo, volver al origen, al punto cero, sin normas externamente impuestas, sin principios morales que rijan su actuación asumiendo que estos son producto de una civilización insana y que merece ser destruida. A Tyler se la suda todo. Su filosofía de vida es simplemente dejarse llevar. Dejar de planearlo todo para que sea perfecto.

“En mi opinión nadie debería realizarse. Yo digo deja de ser perfecto. Yo digo… ¡evolucionemos! No intentemos cambiar el futuro.”

Ni siquiera le importa la muerte. Sin embargo, su actitud frente a la muerte es muy distinta a la que tienen Marla y el protagonista. Estos desean morir: el protagonista deseaba que su avión se estrellara durante el vuelo y Marla cruza la carretera entre los coches como si ser atropellada no fuese un problema. “El drama para ella era que no sucediera”. Es más, ella intenta suicidarse, aunque no es un auténtico intento de suicidio, es más bien “una lllamada de socorro”. No han tenido vidas traumáticas, son, como el resto de su generacíon, “los hijos medianos de la historia, desarraigados y sin objetivos”. No han sufrido una gran guerra, ni una depresión. Su guerra es la guerra espiritual y su gran depresión es su vida. Estas palabras de Tyler reflejan el vacío existencial de toda una generación sin grandes eventos que dieran sentido a sus vidas.

Tyler, sin embargo, es vitalista. Todo eso de la autodestrucción, el tocar fondo y el aprender a rendirse tiene un objetivo: la libertad. Deshacerse de todas las ataduras materiales (sí, en el fondo, era un poco hippie) y llegar al punto a partir del cuál no se pueda estar más jodido para empezar a apreciar la vida.

“Únicamente cuando se pierde todo somos libres para actuar”.

En la versión original (otra vez con el snobismo de ver las pelis en versión original), cuando tienen el accidente de coche Tyler y el protagonista con los dos “monos espaciales”, Tyler sale riendo y jaleando: “Hemos tenido una experiencia cercana a la vida”. Casi se matan. Y él lo llama “experiencia cercana a la vida”. Eso es realmente la vida para Tyler: una emoción constante, es riesgo, es acercarse a la muerte. Pero precisamente para sentir que todavía estás vivo.

En la versión española decía: “Hemos tenido una experiencia acojonante”. Acojonante. Y ya está. Ahí termina toda la profundidad de la experiencia. ¿Veis como el doblaje es una mierda?

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Destruir la civilización

Sin embargo, con el desarrollo de la historia elabora un plan para cambiar el mundo: el proyecto Mayhem (caos), una revolución con influencias anarquistas. Aunque en la peli no sea explicito, en el libro Tyler dice algo así como: “justifica la anarquía. Imagínatelo.” Además, todos los integrantes del club son trabajadores. Trabajan en gasolineras, bares, restaurantes y oficinas.

El mundo que Tyler imagina es un mundo primitivo, una vuelta al estado natural, al salvajismo. Un mundo post apocalíptico en el que sólo quedarán unos pocos humanos vistiendo con ropas de cuero que durarán toda la vida, donde se cazarán alces en los bosques que rodearán el Rockefeller Center y donde la atmósfera estará tan limpia que permitirá ver figuras humanas machacando maíz y secando tiras de venado en el arcén de alguna autopista abandonada. Todo con el objetivo de dejar a la tierra recuperarse y construir un nuevo mundo desde cero.

“El proyecto Mayhem salvará al mundo. Una glaciación cultural. Una Edad Media provocada. El Proyecto Mayhem obligará a la humanidad a hibernar y a entrar en remisión hasta que la Tierra se haya recuperado.”

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El consumismo y la sociedad de plástico

Un apartamento totalmente equipado con todos los accesorios imprescindibles para la vida moderna: sofás, muebles suecos, vajilla artesanal, televisor de última generación, etc. “Antes ojeábamos pornografía, ahora la colección de interiorismo”, afirma el narrador sentado en la taza del váter con una revista de muebles entre manos.

“Ese apartamento era mi vida.”

Padecía insomnio, aunque eso de momento no es demasiado relevante. Su vida era completamente normal: de casa al trabajo, y de trabajo a casa. Y ese era el principal problema: una vez todas las satisfacciones básicas están cubiertas, incluso las superiores, es cuando acecha el vacío existencial y la falta de aspiraciones. Y esta insatisfacción se deriva del modelo de vida basado en la sociedad de consumo. Es aquello que dice Tyler: “lo que posees te acabará poseyendo”. No deja de ser anecdótico, pero revelador, que Marla en un momento de la peli le diga al protagonista que ha estado yendo a Deudores Anónimos y allí sí que hay gente realmente jodida.

Ese es el motivo por el cual el protagonista vuela su apartamento por los aires, porque “únicamente cuando se pierde todo somos libres para actuar.” Y a partir de ahí se inicia la metamorfosis. La transición hacia un nuevo ser más libre, más independiente, con sus propios valores. El superhombre de Nietzsche podría ser útil para definir estas aspiraciones. Es cuando se va a vivir con Tyler a la casa de Paper Street que empieza a abandonar su apego a los bienes materiales y buscar la metamorfosis a través de la violencia como catalizadora del proceso de evolución. En fín, que la sociedad está enferma de muerte y hay que cargársela de raíz. Nada de reformismo. Nada de esperanza ni de fe en la especie humana.

“No sois vuestro trabajo, no sois vuestra cuenta corriente, no sois el coche que tenéis, no sois el contenido de vuestra cartera, no sois vuestros pantalones, sois la mierda cantante y danzante del mundo”.

Por cierto, calle de papel es el nombre que se asigna en la jerga arquitectónica a las calles que figuran en los planos pero que no existen en la realidad. (¡Un momento, estás insinuando que la casa de Paper Street, junto con Tyler, y todo lo que allí ocurre es…!. Lo siento, este artículo es solo sobre la filosofía del film. No puedo daros más información.)

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El patriotismo y la religión

Es necesario contextualizar la obra en su lugar: EEUU. El patriotismo y la religión están fuertemente ligados. En varias escenas aparecen banderas con las barras y estrellas, pero siempre en un segundo plano, sin relevancia. Y en una de las primeras acciones del Proyecto Mayhem se ve colgada en el salón una bandera desgastada y sin color apenas. También se ataca a la religión: en la escena de la quemadura química, Tyler dice “Nuestros padres fueron modelos de Dios, y si nos abandonaron… ¿Qué puedes pensar sobre Dios?  (…) Con toda probabilidad él te odia. Pero eso no es lo peor que pueda ocurrirte. No le necesitamos.”

No en vano, “In God we trust” (En Dios confiamos) es el lema nacional. Y el protagonista banaliza completamente los valores cristianos y patrióticos de toda la nación en una sola frase, al pronunciar en determinado momento “In Tyler we trusted” (En Tyler confiábamos). Veis, en el doblaje español esto también se escapa. Está sustituyendo a Dios por un simple mortal. Eso es una blasfemia en toda regla, y un pecado de los gordos.  Y no es casual la comparación: en el proyecto Mayhem, Tyler se vuelve una especie de dios, es el líder de lo que una secta, que en el fondo viene a convertirse en una nueva doctrina para sus seguidores, reemplazando un dogma por otro.

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Crisis de masculinidad

También se esboza una crítica al modelo de masculinidad perfecto, en aquella escena en la que el narador compadecía “a los tipos que se amontonaban en gimnasios intentando tener el aspecto dictado por Calvin Klein…”. Eso sí, Tyler es el jodido modelo de masculinidad hegemónica.

Toda la trama tiene como eje transversal la masculinidad: el grupo de autoayuda para enfermos de cáncer de testículos, la amenaza al jefe de policía con cortarle los huevos si no aborta la operación contra Mayhem, Marla cogiendo de los huevos al protagonista en la lavandería después de sacar unos pantalones  y venderlos en una tienda de segunda mano, Bob y sus “tetas de perra”, el dildo de Marla, etc. En fin, basta con decir que en el libro sí que cortan los huevos a los que se interponen en su camino y los almacenan en la nevera.

En una conversación en la bañera, Tyler reflexiona acerca de si una mujer es lo que necesitan realmente, siendo que han sido criados por mujeres. De hecho, El Club de la Lucha es sólo para hombres, y es una metáfora de esa rebelión que trata de sobreponerse a lo que Fincher llamaba la “castración generalizada de la sociedad”. Los valores predominantemente masculinos: violencia, agresividad, competitividad, etcétera, se ven amenazados por la paz y la cooperación que trae consigo la civiliziación. Y esto es precisamente lo que les pasa a los personajes, especialmente al protagonista: están castrados. Metafórica y puede que también literalmente. (¿Es casual que el médico le recomendara ir a un grupo de ayuda de enfermos de cáncer testicular?).

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No obstante, no hay que hacer análisis retrospectivos: la peli es de 1999. Todavía no se hablaba de estas cosas, ni el feminismo se había vuelto hegemónico, ni tampoco el constructivismo cultural en el que se basan algunas de sus corrientes. Por tanto, no hay que creer que es una crítica a la masculinidad desde estas ópticas. Ni hay que creer que los valores eminentemente masculinos se traten de “deconstruir” por razones morales. Probablemente, ni los personajes ni el propio autor comparten esta tesis. Es, más bien, todo lo contrario: una lucha constante contra la pérdida de la masculinidad: por un lado, por la pérdida de centralidad del hombre en la sociedad moderna, y por otro lado, por el cáncer de testículos que amenaza al propio protagonista. (¡Qué! ¿De dónde te has sacado eso?)

El caso es que toda la película en general es, o podría ser, una metáfora de lo que decíamos más arriba. La lucha del protagonista por evitar su castración, tanto física como espiritual. Es la lucha de una sociedad por evitar su castración, que es llevada a cabo por las modernas formas de la vida civilizada.

Doble personalidad

En realidad Tyler no solo existe en la mente del protagonista. Todos tenemos nuestro propio Tyler en nuestra cabeza. Hablamos con él cada día desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Tyler es esa voz en tu interior, esa proyección que te refleja a ti siendo como desearías ser, hablando como te gustaría hablar, follando como te gustaría follar. ¿Y cuál es la diferencia, entonces, entre el protagonista y tú? Según Tyler, que tú no tienes el valor que el protagonista tiene para dejarse llevar (en la VO: “to run with it”).

No es un simple alter-ego. Es el super-ego. El superhombre. Tyler es, según Nietzsche en Así habló Zaratustra, “ese fantasma que corre delante de ti” y que “es más bello que tú”, al que tienes que entregarle tu carne y tus huesos. Si os fijáis, Tyler se hace más fuerte conforme avanza la película, mientras el protagonista se va debilitando físicamente. Es un reflejo de la lucha que se da en su cabeza. Tampoco la voz en off es la de un simple narrador externo: está diseñada por logopedas para sonar como sonaría tu alter-ego en tu mente. Es una voz directa a la conciencia.

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Y mucho más

La filosofía de ‘El club de la Lucha’ daría para escribir un libro entero. Todo esto no es suficiente para abordar la inmensidad de la filosofía presente en ‘El club de la Lucha’. Seguro que se han quedado muchas otras claves en el tintero, y seguro que algunas descripciones se han quedado cortas. El objetivo de este artículo era dar algunas pinceladas y algunas pistas para entender mejor y poder apreciar un poco mejor la profundidad de una película que ha marcado a más de una generación.

“En el club de la lucha luchas contra todas las cosas que odias en esta vida.”

Redactor | Politólogo